Edam Turismo

MARCA REGISTRADA

Miguel Naipauer y los 50 años del Taller Miguelito

Taller Miguelito, Miguel Naipauer, Brandsen, Club de Pesca Brandsen
10/12/2025

El histórico taller cumplió medio siglo y su fundador lo celebró rodeado de afectos. Una vida dedicada a la pintura automotriz y a Brandsen.

Taller Miguelito, Miguel Naipauer, Brandsen, Club de Pesca Brandsen

El Taller Miguelito cumplió 50 años y su fundador, Miguel Naipauer, celebró el aniversario rodeado de amigos, clientes, vecinos y familiares en una fiesta que, según él mismo reconoce, “fue una noche inolvidable”. La trayectoria de Miguel, sin embargo, es mucho más que un taller: es la historia de un joven que llegó a Brandsen a los 17 años, con una valija de ganas y un oficio que abrazó para toda la vida.

“La verdad que parece imposible… nunca pensé que iba a llegar a los 50 años del taller -dice Miguel a MEDIOCAMPO-. Los años pasan, te pasa de todo en la vida, y sin darte cuenta un día llegás. Empezamos en el ‘75 y hoy estamos festejando medio siglo”.

Miguel no nació en Brandsen y antes de llegar a la Ciudad vivió en General Arenales, donde ingresó a trabajar en una fábrica de carrocerías con apenas 15 años. “En ese tiempo te tomaban de chico -recuerda-. Pasé por todas las secciones y la que más me gustó fue la pintura. Me quedé con eso”.

Taller Miguelito, Miguel Naipauer, Brandsen, Club de Pesca Brandsen

A los 17 llegó aquí, sin conocer a nadie y con una sola herramienta: su oficio. Buscó trabajo en un taller ubicado en lo de Emilio Pourtau. “Fui a pedir trabajo así de una. El hombre me dice ‘¿sabés lijar?’ y le digo que sí. ‘Bueno, venga a la tarde’, me dijo. Y a la tarde ya estaba trabajando”.

Estuvo allí un año. Luego fue convocado por otro taller, que necesitaba pintores. “Pensé que iba a ganar más, me fui -cuenta con honestidad-. Era joven, viste”.

Más tarde formó una sociedad con compañeros del oficio. El taller se llamaba "NaiLag", y marcó una etapa importante para él. En 1975, ya con experiencia, independencia y herramientas propias, dio el paso definitivo: abrir su propio taller en la Ruta 29. Allí nació Taller Miguelito, nombre que se hizo marca en la ciudad.

TAunque convivió siempre con chapistas, Miguel aclara que lo suyo fue siempre la pintura. “Yo siempre me dediqué a la pintura exclusivamente. La chapa la hacía otro. Para eso siempre tuve chapista”. A lo largo de 60 años de oficio pintó autos de todo tipo: modernos, antiguos, clásicos, de colección; restaura, corrige, repara.

Taller Miguelito, Miguel Naipauer, Brandsen, Club de Pesca Brandsen Taller Miguelito, Miguel Naipauer, Brandsen, Club de Pesca Brandsen

“Restauramos Falcon, Chevy… el más viejo fue un Ford T 1917. Y también hice un Bugatti. De todo”.

La magnitud de su trayectoria quedó reflejada en un cálculo que hizo hace poco: “Con un amigo sacamos la cuenta y me dijo: ‘Más de 30.000 autos pintados tenés’. Y sí… me parece que sí”, dice entre risas.

Miguel vivió todas las etapas del rubro: desde el trabajo artesanal, lento y meticuloso de las décadas pasadas hasta la irrupción de la tecnología actual. “Antes con un compresor, una pulidora y un soplete armabas el taller. Ahora tenés que hacer cursos, tener cabina, banco de estirado, máquinas rotorbitales, lijadoras lineales… todo cambió”.

Explica que antes un auto podía tardar semanas: “Antes entraban tres meses para pintar un auto. Era todo muñeca, todo a mano. Ahora en un día hacés una puerta: la desabollás, masillás, imprimás y pintás”.

Taller Miguelito, Miguel Naipauer, Brandsen, Club de Pesca Brandsen

Los materiales también cambiaron. Antes se daban hasta ocho manos de pintura para que cubriera. Hoy, dice Miguel, “con dos de pintura y dos de barniz ya está. Antes era 70% thinner y 30% pintura. Ahora es al revés: mucho más puro, cubre enseguida”.

Su secreto para no quedar en el camino fue simple: aprender siempre. “Si no hacés cursos, si no te actualizás, te quedás con los autos viejos. No podés pintar lo nuevo sin aprender lo nuevo”.

En medio siglo, hubo golpes. Pero uno lo marcó profundamente. Fue a comienzos de los años ’80, en plena recesión: “No había nada. En toda la semana pintaba una rueda. Nada más. Las agencias no vendían autos, no hacían reparaciones. No había laburo”.

Lo peor es que había pedido un préstamo para comprar una casa. “Pedí 20.000 pesos. Pagaba 40 pesos por mes. Y al cuarto mes ya pagaba 400”, explica y agrega: “Yo cobraba 200 pesos por pintar un auto entero. ¿Cómo hacía? Tenía que pintar dos autos y medio para pagar una cuota. Era imposible”.

Taller Miguelito, Miguel Naipauer, Brandsen, Club de Pesca Brandsen

Piensa un segundo y detalla:“Estaba acobardado. Iba a irme al sur en un camión porque sabía que allá había trabajo. No tenía ni para el viaje”. Pero hubo un giro inesperado: “Uno vino a pintar un Renault 12 completo. Después vino otro. Y otro. Ahí se dio vuelta la tortilla”.

Entre los trabajos que lo ayudaron a salir adelante recuerda dos tandas enormes: una de la Ford, cuyos autos sufrían un blister en la pintura, y otra de vehículos guardados en un galpón donde la caca de los pájaros les había penetrado el fondo: “Eso me salvó”.

Para celebrar los 50 años del taller organizó una fiesta en el Club de Pesca que terminó siendo multitudinaria donde asistieron dos centenares de personas entre amigos y familiares. Hubo música, cantos y recuerdos. Participó Pichi Landi y la animación estuvo a cargo de Marcos Bianchi.

Hoy, cuando mira hacia atrás, ve un camino enorme. Un oficio que cambió miles de autos y que también cambió su vida: “Ahora andamos bien. Y sigo acá. Son 50 años del taller y 60 del oficio. Toda una vida entre pintura, autos y esfuerzo”.

Taller Miguelito, Miguel Naipauer, Brandsen, Club de Pesca Brandsen Taller Miguelito, Miguel Naipauer, Brandsen, Club de Pesca Brandsen
Aviso principal